Anda Buenos Aires plagada de cajas metalicas rellenas de ruidosa mecaneria. Trepan simétricamente sobre los gigantes de cemento o sigilosamente sobre pequeños montículos de ladrillos. En espectaculares derroches de energía fuerzan estos parásitos aires a sus interiores. Infectan los pensamientos de estas bellas criaturas que tanta vida albergan. Les insertan una falsa idea de indispensabilidad.

Olvidadas fueron confiables técnicas. Ya no nacen con pulmones, sus narices cerradas van. Estos artificiales respiradores sólo crecen más y más. Los criadores no dan abasto. Ahogados se ven en el siniestro juego.

Viendo las hojas bailar recuerden ojalá los habitantes cómo corre el viento.